Los Comienzos del Fin
(INTRODUCCIÓN)
Comenzaremos
esta historia con la visión de nuestro insignificante planeta inmerso en un
colosal universo, una aparente ausencia infinita que sostiene los límites de la
noción de una especie de simio sin pelo en particular, el homo sapiens, una especie exitosa situada en un planeta hermoso de
una galaxia remota, la Tierra. Durante milenios, el hombre ha modelado a su
antojo este frágil planeta del que poco a poco iría muriendo de una enfermedad
que lamentablemente nunca se curaría, lo irónico es que las leyes que forjaron a
este planeta vivo fueron las que acabaron con su esplendor, porque el hombre a
lo largo de su evolución adquirió en su recóndita, compleja, asombrosa y siniestra
mente la capacidad de querer alcanzar aquellos limites del que no estaría
preparado para asimilar, aun siendo el organismo más dotado psíquicamente de
entre todos los mamíferos y prácticamente de todos los seres vivos de este
planeta. La curiosidad del hombre, lo que lo permitió triunfar como especie,
será lo que acabe por exterminar con la vida sobre la faz de nuestro planeta.
Desde la esencia de este inmenso planeta que forjo la vida durante eones, existirá
inexorablemente ese instinto inexpugnable que hizo posible la gran diversidad
de vida, partiendo desde organismos simples que fueron la base de la vida, como
los virus y las arqueobacterias, hasta que nuevos tipo de células se organizaron,
dando lugar a las primeras formas de vida con estructura compleja como las primeras
plantas y animales, entre estos animales, las formas de vida con mayor
repercusión evolutiva, nos encontramos desde los Ediacaranos primitivos hasta los mamíferos como nosotros.
La
evolución, un proceso selectivo que modeló a las especies en su infinidad de
espectaculares formas y fisiologías sorprendentes que sobrepasan nuestra
imaginación al que cada vez se iba haciéndose más compleja y sofisticada, pero
el mundo no estuvo preparado para sostener a una especie tan adaptativa y oportunista
como la nuestra, por primera vez la historia de la vida había surgido un
desequilibrio en nuestro planeta, que desencadenó un caos global fundamentado
por la tentadora codicia existencial, atributo que en nuestra especie se
expresa en su versión más absoluta. La fuerza que mueve la vida será la que la
corrompa.
La vida se
rige en un equilibrio vital, un equilibrio en el que la evolución une la vida y
la muerte como los desencadenantes de este proceso selectivo que tiene como
intermediario, como sabemos muy bien los biólogos, el espectacular y no menos
importante conducta primordial, el sexo. Todo ello en conjunto, además de las
innumerables e inimaginables conductas y cambios fisiológicos que surgen en los
organismos a lo largo de su historia, no hace deducir que la vida retoma un
camino con destino a una esperada perfección del que nunca se completará,
porque esa perfección desafían los limites de las leyes de la vida,
corrompiéndola en un tentador caos que se retroalimenta en base a la ambición
por la supervivencia, un instinto forjado por unas conductas que permitieron la
perpetuación de las especies y que condicionaron que esta tendencia hacia lo más
perfecto, que comprende todos los conceptos de la vida, hiciera que fuera más
inestable.
Se podría
decir que en términos evolutivos que la perfección hacia una vida en el que
nunca una especie tuviera que luchar para sobrevivir causaría la rotura del equilibrio
que la vida había experimentado durante milenios. Nuestra superioridad como
especie hace que no consideremos las condiciones de vida que sometemos a las
demás especies en nuestro beneficio, robándole los recursos a no poder más. Por
muy perfecta que parece un proceso, siempre tiene un punto donde se quiebra, una
realidad muy verosímil por muy ficticia que sea esta historia.
Nuestra
civilización y nuestro progreso como especie surgió con el dominio del fuego,
cuando nuestro antepasado homínido, el Homo
erectus, dio el paso decisivo a nuestros orígenes con esta invención que
nos otorgaría la clave de nuestra supervivencia y el destino de nuestro mundo,
desde esa transcendental imagen de un primate que con solo chocar las dos
piedras desembocaría las chispas esenciales que lo cambiarían todo. El fuego es
sin duda alguna un arma destructiva que se hace mostrar como una bella flor
roja que consume todo lo que toca, no obstante, el símbolo de la civilización
es el trigo, del que nuestra especie dependía en un principio lejano para
satisfacer su hambre, una hambre que impulsaría al desarrollo del potencial
cognitivo e innato del hombre.
Actualmente,
hace más de 195 mil años después de que apareciera el primer Homo sapiens, seguiremos
desarrollándonos hasta que un día seamos capaces de ignorar las consecuencias
de juntar la fuerza destructiva de la flor roja con el palpitante pilar de la civilización
que lo alimento, lo cual nos plantea lo siguiente; ¿Seremos capaces de
prosperar después de ello contra todo pronóstico? O es más, ¿Será capaz la vida
de resurgir de sus cenizas o no será así su destino? Bienvenidos a la sexta
extinción masiva.
SERÍA DE MUCHO AGRADO QUE DEJÉIS UN COMENTARIO






No hay comentarios:
Publicar un comentario